En esta parashá se establecen dos principios que rigen ciertas realidades espirituales: La berajá (bendición) y la klalá (ruina). La abundancia y el defecto.
Sobre está última está escrito algo muy llamativo:
“(…) si no obedecen los mandamientos (…) y salen de la senda que prescribo para ustedes hoy (…)”, sobre esto Rashí comenta: “De aquí dijeron (los Sabios): quién reconoce la idolatría, es como que niega toda la Torá (Sifrí)”.
Esto es interesante.
Todo judío conocedor de los principios básicos de su judaísmo sabe que la “base de todo”, la columna principal del judaísmo no es otra cosa que la únicidad Di-vina… La idolatría es el opuesto absoluto de este principio, entonces, ¿qué me está enseñando Rashí?
En lo educativo tendemos a concentrarnos, por un lado, en lo que está prohibido o debemos evitar y, por otro, a fomentar lo que creemos positivo y hay que hacer en forma activa.
Esto está muy bien, y es similar a los polos unicidad Di-vina – idolatría, lo adecuado y lo inadecuado, sin embargo, existen otras dimensiones más tirando al gris: “y se extravían de la senda que prescribo para ustedes hoy” , esto implica que hay ciertas cosas que sin quererlo pueden generar resultados inesperados.
Veámoslo. Hay cosas que nos importan o interesan más de lo que querríamos que nos importen, o al menos, más de lo que la Torá considera que deberían importarnos. “Quién reconoce…”, “da el visto bueno…”
Podría ser un gusto especial por algo material, o una preocupación exagerada por algo, así como ciertos valores, gustos o intereses ligados a lo académico, lo cultural, etc. Algo que se opone en forma natural con un valor de índole fundamental.
El punto es que un elemento de estas características puede funcionar como lo hace el huequito en el suelo que desequilibra la mesa… lentamente, sin darnos cuenta, las cosas van inclinándose hacia allí en forma natural. Es allí donde la Torá nos enseña que cada cierto tiempo debemos revisar el no estar “saliendonos del camino”, no estar dando valor y relevancia – sin quererlo – a cosas que contradicen nuestros valores y acciones más centrales.
La coherencia no es un estado a conquistar – de una vez y para siempre – sino un ejercicio de revisión regular que exige disciplina, supervisión y conciencia activa.
Shabat Shalom Umeboraj!!!
Sobre el autor:
Vladimir Milessi (Daniel Israel) es educador, consultor y mentor en educación judía, con más de 18 años de experiencia en el diseño, liderazgo y desarrollo de proyectos de Jinuj en ámbitos formales y no formales. Es fundador y director de Darkhei Noam, organización dedicada a la formación en Torá, el fortalecimiento de la identidad judía y el acompañamiento de familias, instituciones educativas y comunidades.
Formado en Yeshivot y Kollelim de Israel y Argentina, ha desarrollado una trayectoria marcada por la creación, conducción y asesoramiento de programas educativos orientados a niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Su trabajo se centra en la construcción de propuestas que integran profundidad espiritual, claridad pedagógica y relevancia para los desafíos de la vida contemporánea.
A lo largo de su carrera ha participado en la fundación y dirección de instituciones educativas, ha acompañado procesos de crecimiento comunitario y ha asesorado a familias y equipos docentes en temas vinculados a educación, liderazgo, resolución de conflictos y desarrollo personal.
Actualmente reside en Santiago de Chile junto a su esposa e hijos, donde se desempeña como Rabino y director del programa de estudios Yesodot, Maguid Shiur en Maimónides School y en la Comunidad Torat Jaim, los últimos dos años tuvo el placer de haber sido Director de la Unidad de Estudios del Observatorio de la Conciencia Empresarial.
Su labor se caracteriza por una visión que combina fidelidad a la tradición, sensibilidad educativa y una profunda comprensión de los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones, buscando que la Torá sea una fuente viva de sentido, crecimiento y transformación.