Esta semana, en un taller sobre herramientas para conversaciones difíciles, compartí una historia que dejó pensando a varios participantes.
Se cuenta que un joven entró a un bar muy lindo, se sentó y enseguida se acercó el mozo.
—Señor, ¿qué desea?
El joven miró el lugar y respondió:
—No quiero gaseosa, no quiero agua, no quiero un tostado.
El mozo, algo confundido, volvió a preguntar:
—Sí, señor, pero ¿qué quiere?
—Te dije. No quiero cerveza, no quiero café, no quiero carne.
El mozo insistió:
—Señor, ¿pero qué quiere?
—No quiero helado, no quiero un sándwich, no quiero pollo.
Y el mozo, ya bastante exasperado, volvió a preguntar:
—Sí, señor… pero ¿qué quiere?
Fin de la historia.
Pensalo un momento.
¿Alguna vez escuchaste que algo así ocurriera en un bar?
Yo no.
Me resultaría extraño que alguien fuera a un restaurante y dedicara todo su tiempo a explicar lo que no quiere.
Sin embargo, en la vida cotidiana hacemos exactamente eso.
No quiero sentirme así.
No quiero este trabajo.
No quiero estar en este lugar.
No quiero que me hablen de esta manera.
No quiero seguir viviendo esta situación.
Y entonces aparece la misma pregunta que el mozo repite una y otra vez:
¿Pero qué querés?
Y aunque parezca una pregunta simple, no siempre tenemos una respuesta clara.
Porque una cosa es saber lo que no queremos.
Otra muy distinta es saber lo que sí queremos.
Y todavía existe una diferencia más profunda.
Muchas veces decimos «quiero», cuando en realidad estamos diciendo «quisiera».
Quiero aprender.
Quiero emprender.
Quiero mejorar mi situación económica.
Quiero tener más tiempo.
Quiero crecer espiritualmente.
Pero si observamos nuestras acciones, descubrimos que muchas veces no estamos hablando de un compromiso, sino de un deseo.
Es como aquel que dice:
—Quiero viajar a Europa como el año pasado.
—¿El año pasado viajaste?
—No, el año pasado también quería.
Entonces quizás no era un «quiero».
Quizás era un «me gustaría».
Y ahí aparece una observación interesante.
Muchas de nuestras aspiraciones viven cómodamente en palabras terminadas en «ía»:
Me gustaría.
Podría.
Querría.
Debería.
Son palabras llenas de posibilidades, pero todavía no son decisiones.
Y en tiempos donde tanto hablamos de Inteligencia Artificial, me surgió otra reflexión.
Tal vez muchos hemos desarrollado una gran IA.
Tenemos información.
Tenemos respuestas.
Tenemos opiniones.
Sabemos mucho.
Pero todavía necesitamos desarrollar una IV.
Una Inteligencia Vivencial.
Esa inteligencia que no solamente acumula conocimientos, sino que transforma el conocimiento en experiencia, la intención en decisión y la decisión en acción.
Porque para descubrir lo que realmente queremos hace falta algo más que información.
Hace falta experiencia.
Hace falta honestidad.
Hace falta coraje.
Primero descubrir qué quisieras.
Después elegir qué querés.
Y finalmente comprometerte con aquello que elegiste.
Porque la verdadera pregunta no es qué te gustaría.
La verdadera pregunta es:
¿Con qué estás comprometido?
Tal vez ese sea uno de los grandes desafíos de nuestra época.
Pasar de la Inteligencia Artificial a la Inteligencia Vivencial.
Pasar de reaccionar a elegir.
Pasar de describir lo que no queremos a construir aquello que sí queremos.
Y ahora que llegaste hasta acá, te dejo una pregunta.
Una sola.
¿Qué es diferente ahora que no veías antes de empezar a leer este artículo?
Pensalo.
Y si encontraste algo nuevo, quizás recién estamos comenzando la conversación.
Alexis Cabenovsky es Argentino-Israelí, casado y padre de tres hijos. Con una sólida trayectoria como Moré (educador), ha acompañado proyectos educativos y comunitarios en la ciudad de Rosario, Argentina, dentro de la institución Shevet Ahim. Asimismo, desarrolló su labor en la ciudad de Córdoba, desempeñándose como Moré tanto en la Unión Israelita Sefaradí como en el Colegio Maimónides.
Coach Formador desde el año 2019 hacía la actualidad y Coach Sistémico con el programa de los 6 escuchas.
Es autor de diversos artículos y del libro Jazak, Jazak, VenitJazek, una recopilación de más de 100 reflexiones que integran pensamiento filosófico, espiritualidad y compromiso con el crecimiento personal. Desde 2017 lidera un proyecto semanal de Mensajes de Shabat, enfocados en fortalecer el vínculo entre tradición y vida contemporánea.Actualmente reside en la ciudad de Or Akiva, Israel.