EL IMPERATIVO DE EFICIENCIA – Por Rav Vladimir Milessi
«…los seres humanos no fuimos creados con el objetivo de ser eficientes. No somos máquinas que tienen un costo de inversión con necesidad de amortizar dentro de una determinada cantidad de años. La eficiencia es provechosa, cuando sirve objetivos justos, pero, en sí misma, no es una finalidad por la cual uno debe vivir. «
(Veshinantam Levaneja – Rav Daniel Oppenheimer Shlit´´a)
Hoy en día es común creer precisamente lo contrario. No estoy refiriéndome al hecho de ser conscientes de esa creencia o profesarla en forma literal.
Casi nadie piensa explícitamente “debo ser eficiente, mi valor como persona depende de ello”.
Las creencias son valores, ideas y conceptos que hemos internalizado como parte de nuestra forma “natural” de ver la vida.
Estas creencias fueron penetrando en nuestras perspectivas de vida como producto de nuestra educación, nuestra interacción con la cultura y la ideología de la sociedad que habitamos.
Muchos – sin darnos cuenta – vivimos bajo el imperativo de eficiencia. Rendir más a menor costo. Invertir menos para obtener más. El problema es que cuando se torna una forma de vida termina traduciéndose en: vivo menos para hacer más. Y esto nos condena a un enfoque que nos “deja sin gasolina”. Nadie. Repito: nadie. Puede seguir adelante su día a día sin un cuidado básico de sí mismo.
En otras palabras, nunca vale más lo que “producimos” que lo que somos. No son equivalentes ni por asomo.
Como padres la autoexigencia tiene un peligro extra: el de traducirla a nuestros hijos. Esto puede suceder en forma explícita como un “tener notas de excelencia es lo mínimo que puedes hacer, no tienes otra obligación que esa”, o solo al nivel de rol model. Si bien la primera es claramente perjudicial, la segunda por ser silenciosa esconde un riesgo enorme, el de penetrar profundamente en el subconciente de nuestros hijos sin pasar por la “defensa” que el intelecto en teoría podría constituir.
Dicho de otra manera, cuando alguien me “dice” algo, eso entra a mi mente y por lo tanto puedo operar con ello, analizarlo, filtrarlo e incluso rechazarlo. En cambio, cuando es algo que me permea por el ejemplo el mensaje se inscribe en lo no-verbal y por lo tanto se vincula más profundamente con la persona, sus emociones y pensamientos subconscientes.
El no ser máquinas (ni animales, si fuese el caso) comienza en no creer que debemos serlo. Nuestra tarea es hacer conciente esta creencia y atravesarla por el matiz de nuestro pensamiento, buscando alinearlo con una noción de ser más propia, más real y más sana que las que simplemente circulan por ahí.
Vladimir Milessi, CEO y fundador de Darkhei Noam, es un rabino y educador especializado en diseño y gestión de programas educativos judíos en comunidades e instituciones observantes, con una trayectoria de más de 18 años, tanto en el ámbito formal como no formal, se ha desempeñado en el rol de docente en todos los niveles, y es co fundador del Colegio Maimónides Tucumán del que también fue coordinador general y director de área judaica. Su formación incluye unos 7 años de estudios avanzados de Torá en Yeshivot y Kollelim de Israel y Argentina, Estudios de Psicología (U.N.R.), Psicopedagogía (A.M. de Justo), habilitación oficial como docente de judaísmo (AMIA, Rimonim – Herzog College), Estudios intensivos en inteligencia emocional desde la perspectiva judaica, Kiruv y Jinuj, Talmud y pensamiento judío (Aish haTorá, P.T., y E.L.). Posee también una amplia experiencia en Kiruv Kerovim y Rejokim (Argentina, Israel y Chile) y actualmente se desempeña como Maguid Shiur en Maimonides School en Santiago de Chile y es Director de la Unidad de Estudios del Observatorio de la Conciencia Empresarial.