Las aspiraciones y deseos son el puente a todo potencial crecimiento.

Si nos fijamos bien, una persona motivada es una persona que rebosa vitalidad, que tiene ganas de… la palabra con la que terminemos esta frase es aquello a lo que aspiramos.

El camino hacia nuestras metas es lo que la Torá define como Simja: motivación!

Todos vivimos alguna vez esa inyección de energía que de pronto nos llena el cuerpo y nos dispara a la acción, esa es la sensación más clara de estar vivos, es un impulso que nos hace sentir más livianos.

Existe también (en muchos de nosotros) una tendencia a “hacernos cargo”, sentirnos responsables de cierta gestión. Aquellos que tendemos a preocuparnos cada vez que nos toca ocuparnos corremos el riesgo de perder la motivación, de sentir tensión en lugar de amplitud interna.

¿Cómo logramos entonces vivir más livianos?

La clave es soltar.

Relajar cuando sentimos los hombros tensos, sonreír cuando notamos que fruncimos el ceño, respirar cuando vemos que estamos conteniendo la respiración…

La clave es recordar que no depende de nosotros.

¿Qué cosa no depende de nosotros? Todo lo que tiene potencial de preocuparte no depende de vos.

Todo lo que nos preocupa es lo que creemos depende de nosotros, es eso que queremos que “salga bien”, que sea como esperamos. Los resultados no nos pertenecen, esa es la base de nuestra Emuná.

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